CalenDoula · Embarazo, parto y posparto

Presencia para
tu propio camino.

Tu cuerpo sabe.
Tu voz importa.

Te acompaño a transitar embarazo, nacimiento y posparto uniendo sabiduría ancestral y educación basada en evidencia, para que conozcas tus opciones, confíes en tu intuición y tomes decisiones informadas sobre tu cuerpo y tu bebé.

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Acompañamiento CalenDoula entre flores de caléndula

Cada historia es distinta

No hay una sola manera de nacer y no hay una sola manera de ser madre.

He acompañado nacimientos en casa y en hospital; primeros bebés y familias que vuelven a recorrer este camino; mujeres muy jóvenes y otras recibiendo a su primer bebé cerca de los cuarenta; embarazos espontáneos y otros concebidos mediante IVF; parejas del mismo sexo; madres que llegan llenas de ilusión y otras que llegan sosteniendo también la memoria de pérdidas anteriores.

He estado presente en partos que sucedieron rápidamente y en otros que se desenvolvieron durante varios días.

Y cada historia me ha enseñado algo:

El nacimiento no necesita seguir un guion para ser profundamente tuyo.

Mi papel no es decirte cómo parir. Es caminar contigo para que puedas comprender tu cuerpo, conocer tus opciones, hacer preguntas, sentirte sostenida y conservar tu voz aun cuando el camino cambie.

Creo en la fisiología y en la intuición, en la sabiduría que las mujeres hemos transmitido por generaciones y en la ciencia, la evidencia y el consentimiento informado.

Para mí, estas cosas no compiten entre sí.

Se encuentran en el mismo lugar: tú.

La historia detrás de CalenDoula

Yo ya era Caléndula
antes de ser doula.

Maritza sosteniendo una flor de caléndula sobre su ojo
La caléndula siempre fue mi planta.

Desde hace muchos años tengo una relación profundamente personal con las plantas. Las cultivo, las estudio, preparo medicina tradicional con ellas y, sobre todo, he aprendido a observarlas.

Tanto, que hace años asigné una planta a cada miembro de mi familia según aquello que veía reflejado entre su personalidad y la naturaleza de esa planta.

La mía siempre fue la caléndula.

Mucho antes de imaginarme acompañando nacimientos, yo ya sabía que esa flor era mi planta.

Cada primavera vuelve a mi jardín con sus pétalos encendidos, delicados y luminosos. Y cada año me recuerda algo que también intento llevar a mi manera de acompañar:

Se puede ser suave sin ser débil; se puede sostener con ternura y, al mismo tiempo, con una fuerza inmensa.

La caléndula tiene una larga historia dentro de la herbolaria tradicional, particularmente en preparaciones destinadas al cuidado de la piel. Pero mi vínculo con ella va más allá de sus propiedades.

Para mí representa presencia, calor, cuidado y medicina en el sentido más amplio de la palabra: aquello que acompaña al cuerpo, pero también aquello que sostiene el corazón.

Por eso está presente en todas las preparaciones herbales que elaboro para mis clientas: en baños y cuidados tradicionales del posparto, en aceites para el masaje y en pequeños rituales que acompañan las distintas transiciones de la maternidad.

No porque una planta pueda controlar un nacimiento o prometer un resultado, sino porque para mí cuidar también es ritual.

Es recordar que el cuerpo que está gestando, pariendo o recuperándose merece ser tratado con reverencia.

Es llevar un pedacito de mi jardín hasta ese momento.

Es dejar que esos pétalos dorados digan, silenciosamente:

Estoy aquí.
No tienes que atravesar esto sola.

Y quizá por eso, cuando llegó el momento de nombrar este trabajo, el nombre ya estaba esperándome.

Caléndula+Doula

CalenDoula.

La planta que me ha acompañado durante tantos años se convirtió también en símbolo de la manera en que elijo acompañar a otras mujeres:

con suavidad, con conocimiento,
con presencia y con raíces.

Antes de comenzar

Tu cuerpo es el primer hogar de tu bebé y el lugar desde donde estás viviendo esta transformación.

Merece cuidado, información, consentimiento y respeto.

Durante nuestro tiempo juntas quiero ayudarte a comprender la fisiología del nacimiento, reconocer lo que tu cuerpo te comunica y conocer las opciones que pueden aparecer en el camino.

Habrá momentos para escuchar la intuición y momentos para mirar la evidencia. Momentos para esperar y momentos para intervenir. Mi trabajo no es tomar esas decisiones por ti, sino ayudarte a sentirte informada, acompañada y presente dentro de ellas.

Porque confiar en tu cuerpo no significa que todo tenga que suceder de una manera determinada. Significa recordar que, aun cuando el camino cambie, tu voz sigue importando.

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